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sábado, 4 de febrero de 2012

El niño de la canica



Es común encontrar historias de fantasmas en aquellos lugares donde mucha gente ha muerto, como es el caso de los hospitales, y la siguiente historia viene de uno de ellos, específicamente del hospital que antes era conocido como la Policlínica del ISSEMYM, ubicado en el centro de la ciudad de Toluca, enfrente del parque de la Alameda.


Se cuenta que hace tiempo hubo un niño (como muchos otros) internado ahí, era el mes de enero, y esperaba una importante operación que habría de aliviar sus problemas de salud.


Exactamente el día de Reyes el niño debía entrar en quirófano para someterse a la operación, pero ilusionado con sus regalos de día de Reyes su madre sólo pudo ingresar al hospital una bolsa de canicas, que le dió esperando compensarlo un poco por la falta de juguetes nuevos, pero desgraciadamente el niñito ya no sobrevivió a la operación.


El tiempo pasó y el caso del pequeño paciente pronto se olvidó, como sucede con muchos otros que pasan por el hospital, pero varios trabajadores del lugar notaron que a veces una pequeña canica pasa junto a ellos sin que se vea a nadie jugar con ella. Se han dado casos en que las personas que se topan con la canica la guardan o la colocan en algún lugar específico, sólo para comprobar, un rato después, que la canica ha desaparecido.

jueves, 2 de febrero de 2012

La Tumba del Coronel



Hay en el Panteón General de Toluca, también conocido como Panteón de la Soledad, una elegante e imponente tumba que data del año 1880, dicha tumba, ahora abandonada, permanece como testimonio de una historia que levantó el miedo en más de una persona, ya que debe su singularidad, su enorme altura, a un hecho escalofriante, ocurrido en un México azotado por las guerras, así como también temeroso de la muerte y lo que hay más allá.
Se dice que la tumba -ahora sin nombre- perteneció a un coronel, fuera cual fuese su grado en realidad, así se le llamaba cuando en vida transitaba por la ciudad de Toluca. Era un hombre refinado e inteligente, distinguido por su valor en batalla, pero cruel en su trato hacia toda la gente, hermético y aislado, que si bien poseía una gran fortuna, carecía totalmente de amor y de simpatía para con los demás.
Cuando murió el coronel fue sepultado en el Panteón de la Soledad, nadie lo lloró, a pesar de su categoría y de sus méritos como guerrero nadie lamentó su pérdida. Pero grande fue la sorpresa cuando al día siguiente de su entierro, algún vigilante del cementerio encontró la mano del difunto fuera de la tierra, como si hubiese estado tratando de salir.
Entre temerosos y escépticos los enterradores acomodaron el cuerpo otra vez, aunque pronto las lenguas aseguraron que era la maldad del coronel, y el peso de sus pecados lo que le habría impedido alcanzar el descanso eterno. Día a día los cuidadores del panteón encontraban la mano del fallecido coronel saliendo de la tierra, lo que comenzó a aterrar incluso a los incrédulos.
Hubo rezos, misas y bendiciones, y para completar el proceso se construyó un alto monumento sobre el cadáver, de modo que le resultara imposible seguir sacando la mano.
Nadie sabe si fueron las plegarias o la solidez de la tumba, ya nadie pudo ver la cadavérica mano otra vez, y el tiempo pasó y la historia se fundió con la leyenda, y aunque ahora nadie sabe si eso es cierto, o si el coronel alguna vez existió, aún es posible ver el monumento, a un par de "cuadras" de la "calle principal" del Panteón de la Soledad.